Heridas de la infancia que se activan en la adultez sin que te des cuenta

A veces creemos que el pasado ya no duele, pero sigue vivo en nuestras reacciones, miedos y vínculos. En esta lectura breve, el Psic. Javier Salas te acompaña a identificar esas heridas invisibles y comenzar un camino más consciente hacia la sanación.

Psic. Javier Salas Lezama

12/21/20252 min read

Heridas de la infancia que siguen activas (aunque ya seas adulto)

Hay cosas que no se olvidan, aunque no las recordemos todo el tiempo.
Te lo digo como psicólogo… pero también como alguien que ha trabajado con su propia historia.

A veces me pasa en consulta. Llega una persona y me dice:
"No sé por qué me cuesta tanto confiar en los demás"
"No entiendo por qué me da tanto miedo que me dejen"
"Todo va bien, pero cuando me va bien, me saboteo…"

Y entonces, empezamos a mirar atrás.
No para quedarnos ahí, sino para entender de dónde viene lo que hoy duele.

Y sí. Muchas veces, ahí están: heridas de infancia que nunca se cerraron bien.

🧸 Por ejemplo…
  • Si de niño aprendiste que tenías que portarte bien para que te hicieran caso, hoy puede que sientas que tienes que hacer de todo para que te quieran.

  • Si nadie te consolaba cuando llorabas, tal vez hoy te guardas todo… porque piensas que mostrar emociones es “molestar” a los demás.

  • Si te hicieron sentir que no eras suficiente, hoy es probable que te exijas de más, o te sabotees cuando estás a punto de lograr algo.

Sé que no es fácil mirar hacia atrás.
Muchos crecimos creyendo que “eso ya pasó” o que “hay que ser fuertes”.
Pero la verdad es que muchas veces no sanamos: solo lo enterramos.

Y lo enterrado… regresa.

En forma de ansiedad, de relaciones difíciles, de silencios incómodos, de culpas que no entendemos.

🌱 ¿Qué hacemos con todo esto?

Primero: entender que no somos culpables de lo que nos pasó.
Éramos niños. Hicimos lo que pudimos con lo que teníamos.

Y ahora, como adultos, sí podemos hacer algo diferente:

  • Nombrar lo que sentimos.

  • Pedir ayuda.

  • Aprender a hablarnos con más compasión.

  • Ir a terapia, si podemos.

No para “culpar a nuestros padres”, sino para romper el ciclo.

💬 Porque sanar no es olvidar.
Sanar es mirarte con amor.
Es dejar de pelear con tu historia, y empezar a escribir un capítulo distinto.

Y aunque ese proceso da miedo, también es uno de los actos más valientes que puedes hacer por ti mismo.

“La infancia no se borra. Pero se puede entender.
Y cuando entiendes… dejas de repetir.”